DESHOJANDO LA MARGARITA DEL CAMBIO EDUCATIVO

Sir Ken Robinson nos comenta en su exitoso vídeo “Changing Paradigms“, como todos los países están llevando a cabo reformas en la educación pública. Y lo hacen por motivos económicos, tenemos que educar a la gente para que sea apta para trabajar en las economías del siglo XXI. Pero también para dotar a nuestro alumnado de una identidad cultural cada vez más compleja, globalizada y en red. Sí, necesitamos un cambio educativo porque no tiene sentido abordar los problemas del futuro haciendo lo que se hacía en el pasado. Parafraseando a la banda de rap rock Calle 13: “si quieres cambio verdadero, pues… camina distinto”.

¿Y en España cómo va el camino del cambio educativo? Pues a finales de 2013 aprobamos la que es la séptima ley escolar de la democracia, la LOMCE. Y como ocurrió con todas las demás resultó aprobada sin consenso. Tanto es así, que seis comunidades autónomas ya solicitan al Ministerio de Educación que aplace la implantación de la LOMCE en secundaria y bachillerato, prevista para el próximo curso.

La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar.

Por desgracia, la historia de nuestra legislación educativa se puede resumir en un ir y venir de discusiones encendidas, continuas protestas sociales e interminables litigios en los tribunales. Un panorama de incertidumbre que curso tras curso hace más patente la necesidad de un gran pacto entre las fuerzas políticas que nos traiga la deseada y necesaria estabilidad. Pero no, el pacto no llega, y como Mario Vargas Llosa nos recuerda… “La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar”.

Además, por si lo anterior fuera poco, debemos enfrentar otra dificultad, porque una cosa es proponer un cambio en educación y otra cosa bien distinta es lograrlo, la realidad es tozuda.  Y “por extraño que parezca” la publicación en BOE de una nueva ley no asegura en absoluto que las prácticas educativas se transformen. Más bien, suele ocurrir que aunque cada reforma se nos presenta como mejora de las anteriores, como un borrón y cuenta nueva, es fácil que pronto comiencen las rectificaciones, los reproches y vuelta a empezar. Gatopardismo lo llaman.

Los profesionales que salen de su zona de confort y se adentran en procesos de mejora son los verdaderos posibilitadores del cambio educativo.

Pero hay más efectos colaterales, pues cada reforma viene acompañada de nuevas demandas, de nuevos regateos: el horario, la ratio, el salario y un largo etcétera de “medidas necesarias” que no hacen sino enquistar entre el colectivo docente la baja autoestima y el sentimiento de falta de gratificación y reconocimiento social.

Ocurre que el profesorado termina viviendo cada reforma  como una moda pasajera.

Es así como los docentes han visto desfilar las sucesivas leyes educativas una tras otra, y es así como el desencuentro ha terminado por convertirse en una constante de nuestro sistema educativo. Ocurre que el profesorado termina viviendo cada reforma como una moda pasajera, con sus terminologías y autores propios, que van y vienen con propuestas que en muchos de los casos no terminan nunca de implantarse.

La realidad del docente puede ser compleja. Se ve obligado a subir al tren de cada reforma educativa sin conocer en muchas ocasiones el destino final.

Y como Hidra de Lerna, hemos creado y alimentado una criatura aterradora encarnada por una realidad paradójica, hemos conseguido implantar la “reforma a prueba de cambio”. Parece razonable inferir que este panorama debía tener algún que otro efecto negativo sobre la labor que desarrollan a diario los profesionales de la educación, y en concreto sobre el ansiado cambio educativo. Pues ese efecto tan dañino es lo que podemos llamar procrastinación de subsistencia.

Y es que, aunque en su libro “La procrastinación eficiente” John Perry defiende a capa y espada las virtudes de procrastinar, de posponer las tareas que nos resultan menos agradables por otras más atractivas, lo cierto es que en nuestra sociedad no se reconoce como una cualidad positiva.

Pero en situaciones de incertidumbre, donde cada cambio educativo supone atender los nuevos requerimientos que las administraciones educativas plantean, los docentes deben trabajar en zona desconocida. Esto supone un desafío percibido como abrumador, difícil, tedioso, es decir, estresante, por lo cual se justifica posponerlo a un futuro sine die idealizado, así lo importante es supeditado a lo urgente, con mucho tiempo para la acción y poco para la reflexión. Además, ¿estos nuevos requerimientos se mantendrán el curso próximo o irán al cajón de propuestas que no terminan de implantarse? Ante la duda, la procrastinación de subsistencia es la respuesta.

El conocimiento disponible y nuestra propia experiencia acumulada en años de desencuentro, sugieren que el cambio educativo es mucho más difícil de alcanzar que lo imaginado hasta hoy en las mentes de quienes han decretado nuestra política educativa. Hablamos y hablamos de cambio educativo, pero poco conocemos sobre cómo opera y bajo qué condiciones se produce y mantiene ese deseado cambio. Sí parece claro que las intervenciones verticales dirigidas desde instancias centrales y con escasa participación ni consulta, han generado un sentimiento generalizado entre los docentes de que su papel se reduce a simples aplicadores de las políticas educativas definidas por otros.

Y aunque en la encrucijada que nos encontramos actualmente la certeza no es más que un espejismo, sí que podemos considerar acertado entender que nuestra Escuela Pública es el resultado de un proceso complejo de construcciones y reelaboraciones sociales y políticas, que requieren nuestro esfuerzo y voluntad constantes. No es algo que haya surgido por sí solo en el curso espontáneo del progreso social o al dictado de los intereses económicos privados, no nace de la lógica de los mercados, sino que es el resultado del despliegue práctico de una voluntad que no puede decaer. La Escuela Pública tiene que ser cuidada con esmero, atendida día a día, de acuerdo a la realidad social que surge en cada momento histórico.

Una Escuela Pública apoyada en la igualdad de oportunidades, sin ningún tipo de discriminaciones, que favorezca la inclusión, la igualdad y la diversidad, que garantice el pluralismo, la convivencia y la tolerancia, que revitalice los cauces de participación, que elimine los procesos selectivos, que revise los contenidos curriculares y las prácticas pedagógicas.

…no procrastinemos en esto. Ánimo, suerte y muy cordiales saludos.

Justificación y compromiso de la función asesora.

Si comienza uno con certezas, terminará con dudas; mas si se acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas”.

SIR FRANCIS BACON

Hace unos meses, tras una reunión del Equipo Técnico de Formación del CEP Osuna-Écija, los comentarios de una compañera recién incorporada a la Red Asesora derivaron en una pregunta: Joaquín, y tú… ¿qué es lo mejor que puedes aportar en este momento al CEP?  Dudas fue mi respuesta. Por supuesto que la duda es un estado incómodo. Ahora bien, en la encrucijada que nos encontramos actualmente, la certeza absoluta no es más que un espejismo.

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A diario vemos como las vivencias de las nuevas generaciones se ven sometidas a condiciones y características bastante diferentes a las de sus mayores. Asistimos a la incesante acumulación de transformaciones de todo tipo en los modos de trabajar, de comunicarnos, de movernos, de divertirnos, de vivir… Nos encontramos inmersos en una dinámica que, a la par que está cambiando de manera sustancial los sistemas de producción, modifica las formas de interaccionar, de pensar y de organizarnos socialmente.

La tendencia en el ámbito social anticipa una transformación del modelo establecido, aunque no termina por definirse uno nuevo, sino que más bien quedan expuestas día a día las principales contradicciones y carencias del actual.

Actualmente los avances científicos se están traduciendo a una velocidad vertiginosa en innovaciones que producen consecuencias de hondo calado en la sociedad. Lo que ha ocurrido con la generalización del uso de smartphones, cada vez más sofisticados, y con el espectacular ritmo de incremento de los usuarios de redes sociales, constituyen ejemplos ilustrativos de la capacidad acelerada de impregnación social de las innovaciones tecnológicas.

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En este contexto, el mayor logro de nuestro sistema educativo ha sido la escolarización universal, pero hay otras realidades acuciantes. Nadie duda de la necesidad de mejorar los resultados del alumnado, de bajar los índices de fracaso, absentismo y abandono temprano de la escolarización. La escuela democrática de masas parece estar lejos de cumplir todas sus promesas, gran parte de la sociedad ya no cree en ella, al tiempo que muchos docentes han perdido la confianza y se sienten profundamente afectados por las críticas que desde diferentes sectores se dirigen a la escuela.

Nadie duda de la influencia que la eficacia de los sistemas de educación y de formación ejerce sobre el desarrollo económico de las sociedades modernas. La propia Unión Europea ha acuñado el concepto de triángulo del conocimiento -constituido por la innovación, la investigación y la educación- y lo ha considerado esencial para hacer avanzar significativamente, en el espacio europeo, la economía basada en el conocimiento, tal y como la Estrategia de Lisboa y su sucesora, la Estrategia Europa 2020, pretenden de un modo explícito.

Y para ello, se espera que los sistemas de educación y formación faciliten a las nuevas generaciones, junto con los conocimientos y las competencias de carácter general, una actitud favorable ante la innovación y el emprendimiento, la capacidad para trabajar en equipo; las competencias para el uso de las tecnologías de la información y la comunicación; la destreza intelectual necesaria para aplicar el conocimiento disponible en contextos diversos, y la soltura en el manejo de idiomas extranjeros, particularmente del inglés.

El desafío de mejora es ineludible y es necesario abordarlo con urgencia, pero un sistema educativo de calidad no puede fundamentarse sólo en criterios de productividad, rendimiento y beneficio empresarial que no tienen por qué asegurar la coherencia y equidad inherente a una educación entendida como un servicio público.

La crisis de los sistemas educativos, bajo criterios de eficacia y competitividad, ha llevado a la implantación de nuevas reformas educativas, de carácter fuertemente neoliberal, en las que la palabra calidad se asocia a selección y competitividad en su vertiente economicista, planteando una separación del alumnado ya desde la base, lo que supone una clara perversión de los principios y fines de la educación en sociedades que se llaman a sí mismas democráticas.

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Podemos considerar acertado entender que nuestra Escuela Pública es el resultado de un proceso complejo de construcciones y reelaboraciones sociales y políticas, que requieren nuestro esfuerzo y voluntad constantes.

No es algo que haya surgido por sí solo en el curso espontáneo de la evolución social o al mero dictado de los intereses económicos privados, no nace de la lógica de los mercados, sino que es el resultado del despliegue práctico de una voluntad que no puede decaer. La Escuela Pública tiene que ser cuidada con esmero, atendida día a día, de acuerdo a la realidad social que surge en cada momento histórico.

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Y en todo ello la formación del profesorado constituye un elemento fundamental para dar respuesta a los nuevos retos educativos planteados, siendo factor clave para conseguir la mejora de la competencia profesional de los docentes y contribuyendo, en consecuencia, al desarrollo de una enseñanza de calidad y equidad. Si  hablamos de calidad educativa y de formar un alumnado competente para la sociedad que le ha tocado vivir solo podremos conseguirlo si contamos con un profesorado igualmente formado y competente.

Además, a pesar de los importantes avances que se han producido en los últimos años en el sistema educativo andaluz, la educación andaluza presenta insuficiencias que es preciso corregir. Afrontar estos retos supone conocer el momento actual de la educación en Andalucía, la evolución habida, así como las fortalezas y debilidades que la caracterizan. Sin duda, parece razonable compartir el punto de vista de los que opinan que la administración debe seguir asumiendo su responsabilidad como garante de la sociedad a la hora de ofrecer un sistema de apoyo a los centros caracterizado por el compromiso con el desarrollo profesional de los docentes y la mejora de las prácticas educativas, en definitiva del centro en su totalidad.

Desde mi personal punto de vista, las reflexiones anteriores imprimen el estilo de trabajo para el desempeño de la función asesora. Todo ello considerando al mismo tiempo su viabilidad y adecuación a la zona de actuación concreta, además, persiguiendo la concreción de las estrategias de actuación que plateemos con claridad, originalidad y persiguiendo un carácter innovador. Sin perder de vista que nuestra labor pasa por alcanzar la mejora educativa y la calidad para todos y todas.

Una calidad apoyada en la igualdad de oportunidades, sin discriminaciones de ningún tipo, que favorezca la integración, la igualdad y la diversidad, que garantice el pluralismo, la convivencia y la tolerancia, que revitalice los cauces de participación, que elimine los procesos selectivos, que revise los contenidos curriculares y las prácticas pedagógicas.

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Pasando lista en el aula virtual… Alumnado ausente.

El Dr. Lorenzo García Aretio denomina al alumnado ausente como aquel que se inscribió o lo inscribieron en la comunidad pero que transcurrido un tiempo la ignoran y ni siquiera acceden a la información generada, aunque no se dan de baja de ella.

Jamás leen un mensaje, aunque les llegan todos. Están pero como si no estuvieran, ausentes. Desfiguran a la propia comunidad que luce un número determinado de miembros, sin poder distinguir entre éstos “ausentes” y los anteriores “silenciosos”, dado que los únicos bien identificados son los dos primeros grupos.

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¿Cómo es posible esta actitud?

Aunque el presupuesto que se asocia al software social y a las redes sociales es del establecimiento de un sentimiento de comunidad elaborado a través de la conexión y de la colaboración, hay que tener en cuenta que no todo el mundo se siente cómodo actuando de esta forma; de la misma manera que no todas las personas aprenden de igual forma, en las personas prevalece una mayor o menor disposición a colaborar o a actuar individualmente.

La falta de confianza en uno mismo o en los demás, la carencia de recursos para interactuar socialmente, el sentimiento de no controlar la tecnología, el rol o papel que desempeña cada miembro, etc., son algunas causas que pueden dificultar la participación del estudiante en línea. Es necesario, entonces, que quienes lideran el uso de este tipo de recursos tengan en cuenta estos aspectos diferenciales para tratar de acotar la influencia que los mismos pueden llegar a ejercer sobre las comunidades que se puedan formar.

¿Qué frustra al estudiante en línea?

Parece razonable comenzar por el propio estudiante.

  • No disponer de suficiente tiempo.
  • Albergar unas expectativas irreales.
  • Matricularse en un curso que no responda enteramente a sus objetivos.
  • No tener estrategias y destrezas adecuadas a la formación en línea.
  • No participar en actividades colaborativas.
  • Desconocer los canales de ayuda.

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Aun siendo el estudiante un elemento central, el tutor debe ser consciente de las acciones o carencias en las que él mismo puede incurrir. A pesar de sus funciones facilitadoras y de guía, con el acierto o la torpeza de sus acciones los tutores pueden influir de manera determinante en la motivación o en la frustración de sus estudiantes. Por tanto, el tutor debería prevenir o evitar algunas acciones o situaciones. Veámoslas.

No dar respuesta o dar respuesta tardía

De todas las acciones –o inacciones– del tutor que pueden causar frustración o desmotivación en el estudiante en línea, tal vez sea ésta la más grave. El estudiante que no recibe indicaciones, o respuesta, o clarificación, considera que no tiene el apoyo de su formador. El tutor en línea debe ser consciente de que una respuesta rápida y adecuada, incluso del tipo «lo averiguo y te contesto », mantiene al estudiante motivado y consciente de que dispone de un canal abierto con su formador.

Tener una presencia esporádica o nula en el aula

Se acepta comúnmente que la acción del tutor a lo largo del curso en línea es crucial para el éxito de los estudiantes. Sin embargo, el tutor, además de aplicar correctamente y a tiempo la acción docente diseñada, debe Estar presente en el aula con regularidad, dejando mensajes con indicaciones, aclaraciones y preguntas.
Saber que al comenzar el curso su misión consiste en orientar a los estudiantes en su primer contacto con los contenidos y recursos, y en el trabajo y la planificación del esfuerzo durante el curso. Aumentar progresivamente el grado de socialización y empatía hacia sus estudiantes (Conrad, 2002).

No mostrar claridad en las indicaciones

Además del esfuerzo que conlleva estudiar, conectarse y participar en el aula, para el estudiante en línea el hecho de encontrar ambigüedad o falta de indicaciones o de no saber a ciencia cierta qué pasos hay que seguir es desalentador. Sería un error pensar que los estudiantes que ya han participado en varias asignaturas cursos virtuales no requieren indicaciones e informaciones claras desde el inicio de la formación (Conrad, 2002: 220).
Por lo tanto, el tutor debe poner a disposición de sus estudiantes toda la información, los contenidos, los recursos y los criterios de evaluación ya desde el principio, a fin de prevenir situaciones problemáticas para los estudiantes, de manera que su primer contacto con el curso no se convierta en la primera frustración.

Ser excesivamente rígido

Aun reconociendo que por lo general el tutor debe aplicar, respetar y hacer respetar los plazos, todo estudiante en línea, por muy exitoso que sea, necesita en algún momento dado una cierta flexibilidad por parte de su profesor o profesora. La excesiva rigidez en plazos y fechas puede convertirse en una gran dificultad para el estudiante, e incluso puede llevarlo al abandono.

No mostrar cercanía

El tutor en línea debe mostrarse accesible y debe ser accesible a sus estudiantes, de forma que pueda motivarlos y guiarlos adecuadamente. Esta cercanía fomentará que el estudiante pregunte sus dudas o comunique sus problemas. La lejanía propiciará que las dudas se queden sin preguntar o sin resolver.

Contribuir a la sobrecarga del estudiante

En cualquier entorno formativo, y especialmente en la formación en línea, el peligro de saturación de información es evidente. Prendergast (2003) indica lo siguiente: “Los tutores en línea experimentados regulan el flujo de información, de manera que los estudiantes dispongan de suficiente actividad para estar motivados, a la vez que no les sobrecargan con demasiada información”.

No fomentar la interacción y la colaboración

En el diseño y el desarrollo de la formación en línea se considera que el aprendizaje es un proceso de construcción del conocimiento (Guitert y Giménez, 2000), donde la colaboración entre estudiantes en línea y su percepción de pertenecer a un grupo previene la desmotivación y el abandono (Lee, 2003).
El diseño de un curso en línea puede tener un alto componente conceptual o procedimental, pero puede dejar de lado el aspecto procesual y social del aprendizaje (Hopkins, en prensa). Si el docente no tiene en cuenta la marcada influencia de la interacción y la colaboración en el aprendizaje del estudiante (Badia y Mominó, 2001), estará reforzando la individualidad y el aislamiento del estudiante, factores que podrían llevar a una situación problemática.

¿Cómo evitar la no participación?

En resumen, un e-tutor tiene que estar inventando siempre maneras de conocer a las personas que tiene al otro lado para ayudarlas. Claro, esto tiene una dificultad…”un buen profesor debe saber escuchar”…pero ¿cómo escuchar (percibir, valorar) si no están delante los alumnos? No hay otro modo, que mediante la comunicación escrita. No nos vemos, nos leemos. Si queremos evitar la no participación como tutores deberíamos:

  • Revisar que todos los participantes conozcan cómo enviar y responder/replicar mensajes de otros compañeros.
  • Dar a los participantes suficiente tiempo para que puedan utilizar el foro online, antes de insistir en que envíen sus respuestas.
  • Proporcionar diferentes áreas temáticas para reflexiones y comentarios (por ejemplo, un área temática concreta y otra para entablar relaciones sociales).
  • Destinar un participante activo a cada participante rezagado para que le sirva de mentor.

En esencia, ser tutor no es muy diferente del trabajo de otros educadores en cursos presenciales. Sin embargo, ya vemos como el trabajo de tutor en cursos por Internet tiene algunas peculiaridades inherentes principalmente al medio y, también, a la educación a distancia en sí.

Tutor es el educador que anima y facilita la educación por Internet, con el objetivo de conseguir el real aprendizaje del alumnado, teniendo conocimientos suficientes en metodología educativa, herramientas de ambiente educativo por Internet y en el contenido del curso, actuando de forma creativa, participativa, compañera, aprendiendo constantemente y perfeccionando su trabajo a cada día.

Ánimo, suerte y un muy cordial saludo.